Hace tiempo que como descendiendente de germanos que soy, quería tomar la pluma (o el teclado) para hablar de Alemania, y su tragedia nacional, nuestra tragedia nacional y espiritual, para los que nos sentimos parte de la larga tradición filosófico espiritual que llamamos Europa.
Mas allá de un pasaporte alemán (o austriaco no hago distinciones)
Y de lo que hay de germánico en el alma y en la sangre de los que provenimos de tales regiones, si bien yo siento que mis circunvoluciones cerebrales son más uruguayas que alemanas. Es perfectamente valido que nos preguntemos si podemos ser alemanes todavía, setenta años después de la catarata de horrores que un puñado de individuos patéticos, incultos y vengativos desataron sobre Alemania y sobre el mundo.
Es ilustrativo al respecto leer el largo y excelente libro de Anthony Beevor Berlín 1945, una lectura que recomiendo, no solo por apasionante, sino por ser absolutamente aclaratoria de la caradurez de los regimenes del siglo 20, comunismo y nazismo.
Leyendo, sobre la destrucción definitiva de Prusia oriental, Koenisgberg, Danzig, la pomerania “el balcón del báltico”, la alta y baja silesia, sobre mujeres violadas en grupo 14 veces, tesoros robados, y en definitiva la desaparición del pueblo prusiano, y de la patria de los caballeros teutónicos, y de la liga hanseática, es imposible no pensar en ese otro libro, el idolatrado por los fascistas “mi lucha” de Adolf Hitler.
Esta cosa, por llamarle de alguna manera, da mucho que pensar si uno se entera de la cantidad de personas que están convencidas de la genialidad de Hitler y hasta de su patriotismo.
¿Quién en su sano juicio leyendo el mein Kampf, puede pensar eso?, un libro que es una sarta de disparates, lugares comunes, razonamientos circulares, prevaricaciones, y ni el mas mínimo atisbo de racionalidad.
Que el pueblo necesita estatuaria heroica para recordarle la grandeza de la patria, que si un negro aprende algo es por puro adiestramiento como se le enseña a los loros, que la educación y la información periodística solo deben ser propagandísticas. Detener el avance del arte degenerado, del cubismo y el dadaísmo que Hitler identificaba con el marxismo.
Sobre los judíos mejor ni hablar, dudo mucho que Hitler alguna vez haya hablado con un judío de judaísmo.
Y no solamente nos hallamos ante la obra de un politiquero vociferante, de un especialista en prometerle cualquier cosa a cualquiera, si no que ni siquiera se trata de un alemán, ni en el término filosófico, nacional o de idiosincrasia.
.jpg)
¿Qué es Alemania sino la reflexión y el talante filosófico, Immanuel Kant y Nietzsche, Goethe y Thomas Mann, Schiller y Wagner?
Insisto, yo considero a este individuo patético el asesino de Alemania.
El principal estandarte de todo lo anti alemán, el ladrón de nuestra identidad y de nuestra cultura.
Un individuo que no tuvo un solo pensamiento original en toda su vida , un artista fracasado , pintor de brocha gorda , que se dedico a matar buena parte de las cultura alemana por considerarla degenerada .
Alemania fue despojada completamente de sus símbolos nacionales, y estos apoderados por las fuerzas del nazismo, Otro tanto hizo en nuestro país el fascismo uruguayo con la orientalidad. Tan monstruoso fue este aprovechamiento de la simbología, que hoy en día nadie puede ver un águila heráldica, o caracteres runicos, o una ceremonia celtica sin tener el ramalazo de sospecha de estar frente a algo proto fascista.
Como decía cierto escritor alemán, luego de Auswitchs el cuerpo humano y su representación nunca volverá a ser igual.
Así es como actúa el fascismo, apoderándose de lo que nos pertenece a todos, vaciándolo de su contenido original, en definitiva robándonos nuestra cultura.
Otro tópico delirante que e oído en boca de muchos fascistoides y admiradores es que Hitler fue un gran estratega militar .Nada mas falso , no solo no era ningún estratega ni táctico si no que ni siquiera tenia un sentido de la proporción . No solo no le basto la estupidez de lanzar un ataque contra una nación que abarcaba once usos horarios, y de recursos humanos inagotables y pretendiendo conquistarla en menos de seis meses. Aun contando con el ejemplo de la gran armada de Napoleón Bonaparte derrotado en esas mismas tierras. También dilapido todos los recursos de Alemania cuando la guerra estaba perdida, y llevo el bolcheviquismo con su cohorte de vampiros hasta el corazón de Europa, Walter Ulbrich, Beria, el NKVD, todos alcanzaron Berlín GRACIAS a Hitler. Y la destrucción de Alemania hasta la línea del Oder y la perdida de Prusia, una nación mas, dentro de Alemania que desapareció para siempre de la faz de la tierra, en escenas de muerte y destrucción dignas de la pintura negra de Goya.
El despojamiento de Alemania fue de millones de hombres mujeres y niños en la guerra y en campos de concentración, judío alemanes, católicos, liberales, comunistas, socialistas, socialdemócratas, gitanos, homosexuales, y cualquiera que tuviera un atisbo de independencia con respecto al régimen.
La expulsión de lo mejor de Alemania, Albert Einstein, Bruno Walter,
Max Reinhart, Emil Ludwig, Stefan Zweig, Erich Maria Remarque, Marlene Dietrich y Thomas Mann.
Es sin duda alguna dolor del espíritu el que sentimos muchos al pensar
En nuestras raíces germánicas y el robo y despojo al que nos vimos sometidos por las fuerzas del irracionalismo encarnadas en el fascismo, raíces de las que nada saben nuestros modernos neo nazis, caricatura de los enterradores de Alemania.
Enfermedad del alma la del fascismo que nos persigue hasta el día de hoy.
Para los germanófilos es inevitable no pensar en el más grande alemán del siglo XX el prusiano despojado de su patria y de su ciudadanía Thomas Mann.
Algún critico literario alemán a dicho irónicamente “Alemania es Adolf Hitler y Thomas Mann”. Definitivamente es Thomas Mann.
El heredero espiritual de Ludwig van Goethe, que homenajeara a su maestro en “Carlota en Weimar” y “doctor Zivago”, el amante de los efebos, reconocido en sus diarios, de “Muerte en Venecia”, el retratista de el artista alemán en “Tonio Kruguer”.
Así se expresaba en carta dirigida al decano de la Facultad de filosofía de Bonn el año nuevo de 1937:
“Yo soy un escritor alemán habituado por el cuidado de la lengua a tomar mis responsabilidades. ¿Como hubiera entonces podido permanecer mudo, aceptar callarme para siempre, en presencia de un mal irreparable, del cual el cuerpo y el alma, el espíritu, la justicia y la verdad son las víctimas de todos los días en mi país? ¿Como hubiera podido dejar en silencio los terribles peligros que este régimen hace correr a Europa, este régimen destructor del hombre que ignora todas las exigencias de la hora presente? No era posible. Y es así como contra mi deseo nacían las palabras, los gestos que definían mi posición y que provocaron finalmente este acto absurdo y lamentable mi excomunión nacional.
…¿Que es lo que han hecho de Alemania en menos de cuatro años?
Los armamentos de guerra han arruinado al país económica y moralmente. Por su actitud amenazante, han hecho de este país un obstáculo para el mundo entero. Nadie ama a este país. Se le observa con angustia y con una aversión profunda.
…La razón de ser y el fin del estado nacional socialista residen únicamente en esto: arrastrar al pueblo alemán a la “próxima guerra”
Reprimiendo sin piedad, extirpando por la violencia toda idea de reacción, hacer de este pueblo un instrumento de guerra, infinitamente dócil, que ningún pensamiento critico debilite.
…¿Por qué no entrar en un sistema europeo de paz que vendría acompañado de paz, de libertad, justicia y honestidad?
En verdad señor decano, me he olvidado por completo que era a Ud. a quien me dirigía. Pero puedo tranquilizarme pensando que tal vez hace mucho que Ud. no me sigue, espantado con este lenguaje del que Alemania a perdido la costumbre, estupefacto de que se ose hablar libremente alemán.
No es el orgullo el que me hace hablar así, sino la angustia torturante de la que sus jefes no han podido liberarme en el tiempo que decidían que yo no seria mas alemán.
Mis palabras nacen de un sufrimiento del alma y del espíritu, cuyo peso llevo desde hace cuatro años. Mi pena es inmensa.
Quiera Dios socorrer a nuestro país ensombrecido y desviado de su ruta y enseñarle a hacer la paz con los otros y consigo mismo.

Grandeza de alemania . Thomas Mann .